Cuando niños María Guadalupe y Gabriel eran los mejores amigos, aunque ella tenía diez años y el ocho, se parecían mucho y no se podrían imaginar en sus andanzas el uno sin el otro. Unos pies descalzos exhumando la tierra del río Leteo o espantando sin saberlo una mariposa de la noche. Entretejían con sus pasos toda la cabellera del monte en la antigua Constancia.
Al regresar a sus casas María Guadalupe siempre soportaba estoicamente los varillazos de su madre, pero Gabriel en cambio, era más hábil para escurrírsele a la suya. Podía estar corriendo por horas hasta finalmente ser atrapado por esa mata espesa de pelos o bien, -lo que Gabriel buscaba- a veces el olvido ganaba sorprendentemente el enojo de su madre.
María Guadalupe era la varonera de sus tres hermanas y no se juntaba jamás con ellas ni con ninguna otra niña, no confiaba en las mujeres, la aburrían, le parecían tontas. Nadie sabía muy bien eso. Por eso nunca entendieron aquella vez en que le regaló un jazmín a Gabriel. Todos en el pueblo de Constancia se enternecían de aquella amistad y no se podían resistir a burlarse de ellos. Es que no llegaban a sospechar siquiera la incontenible ira de María Guadalupe, Gabriel la imitaba después y los ataques de furia los alcanzaba resueltos al ataque de puños y patadas cuando los tildaban de novios. Llegaron muchas veces a planear contra los ofensores unas venganzas terribles que nunca se hicieron.
María Guadalupe era la varonera de sus tres hermanas y no se juntaba jamás con ellas ni con ninguna otra niña, no confiaba en las mujeres, la aburrían, le parecían tontas. Nadie sabía muy bien eso. Por eso nunca entendieron aquella vez en que le regaló un jazmín a Gabriel. Todos en el pueblo de Constancia se enternecían de aquella amistad y no se podían resistir a burlarse de ellos. Es que no llegaban a sospechar siquiera la incontenible ira de María Guadalupe, Gabriel la imitaba después y los ataques de furia los alcanzaba resueltos al ataque de puños y patadas cuando los tildaban de novios. Llegaron muchas veces a planear contra los ofensores unas venganzas terribles que nunca se hicieron.
En el pueblo de Constancia, en aquel 1955 no se hablaba otra cosa que de la revuelta en la estancia Villa Hayes. El padre de Gabriel murió en uno de esos levantamientos que se hicieron en la estancia, su muerte fue encubierta necesariamente por los huelguistas, pues temían que todo el pueblo se desmigara en la desesperanza y que el nuevo capataz festejara quizás su mejor victoria. Ay, si supieran lo que sucedería de aquello.
Al día siguiente Gabriel debió salir a trabajar en lugar de su padre y al volver a la noche fue su madre la que ya no estaba. Los hombres de Don Alberto Aceval la habían secuestrado horas antes. Las mujeres lloraban y los hombres del Constancia escupían indignación. Se juraban una venganza que como las de María Guadalupe y Gabriel, nunca se podrían.
Se dice que a la madre de Gabriel la mataron en tortura semanas después y que nunca le creyeron de su marido muerto, tampoco de que su hijo Gabriel los vengaría.
Se dice que a la madre de Gabriel la mataron en tortura semanas después y que nunca le creyeron de su marido muerto, tampoco de que su hijo Gabriel los vengaría.

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