Gabriel fue a lo de Atalaya, el mejor amigo de su padre, casualmente un montón de chicos de su edad estaban adentrándose también en el monte, siempre un niño servía de guía para otro. Ya eran una docena, desgarbados, harapientos y con una sonrisa más blanca que la luna. Eran los hijos de los peones recientemente fusilados.
Atalaya desde la intimidad del monte de acacias, estuvo planificando y cometiendo terribles emboscadas sobre Villa Hayes cuando se cerraba la noche. Sus hombres eran algunos de los primeros peones desterrados por Don Martín Iraola, también se sumaron algunos de esos hombres y mujeres correntinos, que lograron sobrevivir cuando el ejercito desalojó la estancia. Los últimos en adentrarse son algunos niños y adolescentes huérfanos que llegaron por esa superstición que lo hombres llaman justicia, entre ellos estaba Gabriel.
Atalaya desde la intimidad del monte de acacias, estuvo planificando y cometiendo terribles emboscadas sobre Villa Hayes cuando se cerraba la noche. Sus hombres eran algunos de los primeros peones desterrados por Don Martín Iraola, también se sumaron algunos de esos hombres y mujeres correntinos, que lograron sobrevivir cuando el ejercito desalojó la estancia. Los últimos en adentrarse son algunos niños y adolescentes huérfanos que llegaron por esa superstición que lo hombres llaman justicia, entre ellos estaba Gabriel.
María Guadalupe también perdió a sus padres meses después por causas ajenas al levantamiento de la estancia, sus otras dos hermanas estaban ya casadas y huyeron con sus maridos a la ciudad. La casa quedó solo para ella y estuvo muy feliz por ello aunque luego sospechó que podía morir de hambre, la sospecha se hizo cada vez mas cierta con el correr de los días y en un atardecer creyó que a la mañana siguiente iba finalmente a morir.
Aquella misma noche algunos de los huelguistas (Entre los que se encontraba Gabriel) habían entrado en la estancia Villa Hayes y tuvieron la osadía de incendiar varias casas y un granero. Esto se sumaba al robo constante de animales en las semanas anteriores. Fue el movimiento esperado, la excusa necesaria para que el nuevo capataz Alberto Aceval, tomara el caos reinante y comenzara a subir por él a sangre y a rabia.
Aquella misma noche algunos de los huelguistas (Entre los que se encontraba Gabriel) habían entrado en la estancia Villa Hayes y tuvieron la osadía de incendiar varias casas y un granero. Esto se sumaba al robo constante de animales en las semanas anteriores. Fue el movimiento esperado, la excusa necesaria para que el nuevo capataz Alberto Aceval, tomara el caos reinante y comenzara a subir por él a sangre y a rabia.
La policía local y muchos hombres de la estancia Villa Hayes irrumpieron en su casa por la noche, la requisa consistió en romper todo, en gritar y arrastrar de los pelos a María Guadalupe, no se encontró nada, se habían equivocado de casa, luego la violaron. Uno de aquellos hombres sintió lastima por María Guadalupe y le preguntó su nombre mientras terminaba de cerrarse el pantalón, nunca lo supo, ella no emitió ningún sonido pues así le enseñó su padre... aunque quizás, ya estaba media muerta. De todas maneras el hombre le dejó algo de dinero que había tomado en la requisa de otra casa y se fue, se perdió con el grito de otras detenciones y tiros de fusil.
En aquel año Alberto Aceval se había convertido en el hombre mas poderoso del sur de la provincia. Su enemigo, un antiguo peón de la estancia de su padre al que todos llamaban El Atalaya, se convirtió para todos en el señor del monte. Decían que transformaba a los niños en grandes hombres con el simple ritual de regalarles la venganza. Luego también cuentan que quizás les decía un secreto, Que quizás también les hablaba de un tal Alberto Aceval, el mismo enemigo al que acechaban en emboscadas nocturnas y donde pocos volvían.

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