Atalaya (Parte 6)

Seremos breves y contaremos la vida de Atalaya. Su verdadero nombre es Kurt Wilckens y nació en Brad Bramstedt, Alemania, el 3 de noviembre de 1886. en 1910 viajó a los Estados Unidos por temas de estudios. Aunque su situación económica no lo demandaba buscó y encontró trabajo en una fábrica de conservas de pescado, comenzó con el tiempo a simpatizar con ideas anarquistas y también cambió su dieta a una vegetariana basado en la filosofía de León Tolstoi. Eso le costó la constante burla de sus compañeros de trabajo y la atención vigilante de los dueños de la fabrica. En un descanso tuvo una idea y la compartió con sus compañeros: El pescado que llegaba se seleccionaba atentamente, los mejores trozos los ponían en latas muy lindas, para los almacenes de las poblaciones más pudientes, y los restos se colocaban en envases muy baratos, para los almacenes que están en los barrios de los trabajadores. Wilckens convenció a sus compañeros de fábrica que hicieran al revés. En las latas de lujo ponían los restos y en las baratas el mejor pescado. 
Por supuesto, Kurt Wilckens y sus compañeros fueron descubiertos y los echaron. 
Luego en 1916 se fue al oeste de este país, participó de la huelga general de mineros en Arizona. Fue detenido y deportado a un campo de confinamiento en lo que hoy es Nuevo México, después de muchos intentos de fuga los norteamericanos determinaron meter preso a Wilckens por alemán (ya se había declarado la Primera Guerra Mundial) y lo mandaron a un campo de concentración. Cuando terminó la guerra y después de otros intentos de fuga, lo expulsaron. Regresó a Alemania y renunció a toda la fortuna que le correspondía y se embarcó hacia la Argentina.
En septiembre de 1920 comienza a recorrer el sur del país y ya en Buenos Aires, se conecta con los anarquistas locales. También con vagabundos españoles, italianos y polacos que recorrían a pie el país y, cuando necesitaban dinero para comer, trabajaban en las cosechas. Allí se entera de las pésimas condiciones de trabajo en las estancias de Martin Iraola y contrario a todos los demás se pone en camino hacia un pueblo pequeño llamado Constancia. Pide trabajo en las puertas de la estancia Villa Hayes como mecánico y como jardinero, pero es rechazado tres veces por el capataz. Comienza (como dicen en la zona) a galguear por el lugar hasta que tuvo su oportunidad en diciembre de ese mismo año, cuando el auto que traía al mismo Martin Iraola se queda encallado en uno de los caminos. La habilidad para resolver la situación y sobre todo aquel acento (entre inglés y alemán) con que hablaba Wilckens fue lo que cautivó al terrateniente. El mismo Iraola es que le pidió a Wilckens trabajar para su estancia e Irónicamente, para lo que después continua en esta historia, también fue él quien en esos días bautiza a Kurt Wilckens con el mote de "Atalaya". Según dicen, el sobrenombre se debió a que en el ir y venir de Iraola por la estancia siempre lo veía a Kurt Wilckens parado en algún lugar del camino. Lo que nunca supo, ni siquiera sospechó, es que aquella primera vez en que su auto se encalló en el barro, fue una trampa hábil que planifico el mismo Wilckens para conseguir trabajo en su estancia. El coche de los Iraola fue como un caballo de madera que permitió ignorante entrar a su peor enemigo por las murallas de Villa Hayes.



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